No hablo de narcisismo, aunque muchos pequemos de un exceso de pensar sólo en nosotros...lo tomo desde otro costado, ¿cuantos de nosotros dedicamos un ratito para reflexionar sobre nuestro accionar?
A partir de una clase en la facultad el jueves pasado estuve pensando bastante en este tema, la profesora se saco, empezó a tirar críticas a todo el mundo, pero al márgen de si esto estaba bien o no, voy más allá: Ella buscaba que reflexionáramos.
Basta de criticar a "los otros", al de afuera, al que maneja tan mal, al que siempre tiene mal humor, al que está muy sensible, al que no cumple con su palabra...ya todos conocemos y estuvimos ahi...ya sabemos lo que no queremos.
Ahora, ¿que sí queremos? ¿Qué podemos construir a partir de identificar lo que rechazamos?
La charla derivó en pensar mi labor como psicóloga una vez que me reciba...pensábamos en aquellos psicólogos que para evitar la angustia del paciente lo consuelan, tratando de aliviar lo que para mi es justamente el objetivo: que reflexione, aunque le cueste, aunque le duela. Parecería ser que siempre estamos evitando el displacer porque no sabemos qué hacer con él, siempre lo identificamos como algo negativo, nos lo queremos sacar de encima...
Este es un punto de encuentro entre el psicoanálisis y el budismo, me acabo de dar cuenta. Ambos hablan de que el sufrimiento sería útil si lograramos identificar las causas del mismo, de dónde vino, para luego así trabajar sobre esos puntos. Descartarlo ante su primera aparición no sirve de nada. Al contrario, nos estamos perdiendo la oportunidad de aprender algo, de crecer, de crear factores de cambio en nosotros mismos.
Con todo esto, no estoy diciendo que el psicólogo sea el lugar privilegiado para reflexionar, no todos necesitamos una terapia, pero muchos si y todavía no lo saben jaja. Ya que nuestra cabeza no para un segundo, ¿por qué no usamos toda esa energía para reflexionar un poquito?
Es un camino bastante jodido, no lo niego. Dar cuenta de mis faltas, de mis miedos, de mi actitudes defensivas, de mis problemitas, problemotes, todo eso es un recorrido difícil, pero necesario al fin. Por lo menos yo creo y vivo para el cambio, también disfruto de cierta estabilidad sino me volvería loca, pero siempre acordándome de que las cosas fluctuan a cada momento. Hasta un minuto desesperado, puede transformarse en risas a la hora y media. Eso me alivia cuando estoy muy preocupada por algo, se que va a cambiar, que pronto lo voy a estar mirando desde otra óptica, desde una mirada más holística, ponderando otros factores y así todo se va tiñendo de otros colores.
Reflexionar duele, pero no hacerlo mucho mucho mas.
V.
domingo, 28 de septiembre de 2008
jueves, 11 de septiembre de 2008
¿Abriste los ojos?
A medida que me acercaba al lago, me enfrenté con ellos, altos, firmes, que me miraban desde alla arriba, preguntándome por qué es que yo los estaba mirando tanto...y tan fijo, con lágrimitas en los ojos.
Después de tantos años de verme pasar por la misma ruta, casi siempre a la misma hora...y veinte años después de que ellos me miraron tanto, yo los miré. Eran los mismos que estaban ahí firmes el invierno pasado, tranquilos, meneandose con el viento de agosto. Como alguien me recordó el otro día, todo pasa aunque no estemos ahí para verlo, ellos siguen, no nos esperan, no nos llaman, pero un día los vemos. Ni mis anteojotes podían tapar los lagrimones que se me caían, el lago planchado, los arbustos bailando haciendo un sonido tan particular, el sonido que sólo se escucha cuando no hay ruido, cuando yo nunca estoy...pero ese día los árboles me invitaron a bailar con ellos, recién ahora los estaba conociendo.
Y cuantos momentos increíbles vendrán si pienso que ese bosque tiene más de 100 años, cuantas cosas nos podrá enseñar, siempre y cuando podamos ver.
Fue esencial lo que senti.
V.
Después de tantos años de verme pasar por la misma ruta, casi siempre a la misma hora...y veinte años después de que ellos me miraron tanto, yo los miré. Eran los mismos que estaban ahí firmes el invierno pasado, tranquilos, meneandose con el viento de agosto. Como alguien me recordó el otro día, todo pasa aunque no estemos ahí para verlo, ellos siguen, no nos esperan, no nos llaman, pero un día los vemos. Ni mis anteojotes podían tapar los lagrimones que se me caían, el lago planchado, los arbustos bailando haciendo un sonido tan particular, el sonido que sólo se escucha cuando no hay ruido, cuando yo nunca estoy...pero ese día los árboles me invitaron a bailar con ellos, recién ahora los estaba conociendo.
Y cuantos momentos increíbles vendrán si pienso que ese bosque tiene más de 100 años, cuantas cosas nos podrá enseñar, siempre y cuando podamos ver.
Fue esencial lo que senti.
V.
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